¿De qué nos llenamos la boca cuando hablamos de bizarro?

Escribí este artículo para el número 5 de la revista SuperSonic (el cual recomiendo, porque está cargadísimo de muy buen material), y ahora he decidido subirlo aquí para que Google lo indexe y esas cosas. Creo que puede ser interesante para despejar algunas dudas sobre el género, además de que aporta un poco de contexto histórico y de teoría sobre el género.

Sobre el mismo tengo que decir un par de cosas: he añadido la referencia a Bienvenidos al bizarro, que no existía todavía en el momento de redacción del artículo, y también que después de redactarlo, Fundéu sacó la noticia que explicaba que, según el Diccionario de americanismos, de las Academias de la Lengua, «bizarro» también significa «extraño, raro, insólito». Y otro dato más que aporta la noticia, para Míster Ceja: «También aparece recogido en el Diccionario del español actual, en el de mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua y en el Diccionario de uso del español, de María Moliner, que ya en su primera edición señalaba que se empleaba con el sentido de “extravagante, sorprendente o gracioso”.» Además, humildemente explico mi teoría en el artículo de que en realidad se trata de un neologismo ya que lo tomamos prestado de la palabra que se inventaron los americanos para designar al género.

Si os parece muy farragoso leerlo aquí, en este enlace lo tenéis en PDF para descargar. Y si os gusta, ¡compartidlo!

Bueno, ahí va:

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¿De qué nos llenamos la boca cuando hablamos de «bizarro»?

Por Hugo Camacho

¿Qué narices es eso del bizarro? ¿Es en realidad un género literario? ¿Un movimiento? ¿Una etiqueta de marketing? Pues todo eso y mucho más, como trataré de explicar a continuación.

Pero antes de ponernos con el tema, baja la ceja, querido lector. Sé que estás pensando que la RAE dice que «bizarro» no tiene la acepción que solemos usar, que no quiere decir «raro» sino «valiente» y bla, bla, bla. Vale, ya lo has dicho. Obviaré el hecho de que nuestra querida y muy real academia no legisla, sino que propone, y que la gente la usa con lo extraño en mente. Tampoco vamos a enviar a Pérez Reverte con una lanza a casa de todos los que no usan el término de la manera que te gusta ¿no?. Ha pasado otras veces y seguirá pasando (lo de Reverte no, lo otro). Además, este «bizarro» que usamos para hablar de un género literario es en realidad un extranjerismo, como «fist fucking», por citar un barbarismo ampliamente usado en español.

Voy a empezar con un poco de historia. Aunque la palabra de marras no se empezó a usar hasta 2005 para definir lo que una serie de gente estaba escribiendo, podemos rastrear sus orígenes hasta 1999. Un grupo de escritores de Portland cuyo núcleo fuerte estaba formado por Carlton Mellick III, D. Harlan Wilson, Vincent Sakowski y Kevin L. Donihe, se juntaron como muchos otros antes para leerse, corregirse e incluso editarse entre ellos. Pusieron la primera semilla de Eraserhead Press (sí, coge el nombre de la primera película de David Lynch, para que veas por dónde van los tiros), que por aquel entonces tan solo editaba fanzines en papel y el webzine The Dream People. Todo esto se hubiese quedado en mera anécdota de no ser porque la editora Rose O’Keefe cogió las riendas de Eraserhead Press y la convirtió en una editorial con algo más de entidad. Poco después publicó la novela que podríamos decir que sirvió para inaugurar el género: Satan Burguer de Carlton Mellick III. Por la misma época también apareció la editorial Raw Dog Screaming Press de John Edward Lawson, y un par de años más tarde, Afterbirth Books de Karen Townsend, que publicaron a todos esos autores que se dedicaban a escribir cosas un tanto extrañas y que parecían no tener cabida en otros sellos.

Entonces llegó Kevin Dole 2 en 2005 y publicó una suerte de manifiesto titulado What The Fuck Is This All About (¿De qué coño va todo esto?) en el que hablaba por primera vez de que tal vez podrían estar teniendo un nuevo género entre manos. De la discusión posterior surgió el término «bizarro», que las tres editoriales decidieron adoptar para etiquetar lo que estaban publicando.

Fíjate que a la palabra inglesa «bizarre» (que sí que significa extraño, querido Míster Ceja) se le añade una «o» para hacerla sonar aún más raruna, a la vez que divertida, en la lengua de Kim Kardashian.

Pues ya lo tenemos. Ahora, a entrar en materia.

Quizá la frase que más se usa para definir al género es: «El equivalente literario a la sección de culto del videoclub». Si bien se queda algo coja, sirve a la perfección para hablarnos de su vocación y del público al que va dirigido. Aquella sección solía ser un cajón de sastre en la que se podían encontrar cosas tan dispares como Tromeo y Julieta, Los payasos asesinos del espacio exterior, El topo de Jodorowsky o las primeras películas de Lynch y Cronenberg. Si no te gustaban las cosas raras, no te acercabas ni de lejos, pero si aquello era precisamente lo que querías, lo más seguro es que fueras directo nada más entrar. El bizarro viene a satisfacer esa necesidad por descubrir cosas raras o extrañas en el mundo literario. Proviene de una cultura diferente a la que nos dio a clásicos como Charles Dickens o Jane Austen. Los escritores de bizarro, nacidos entre las décadas de los setenta y los ochenta, han sido la generación que más expuesta ha estado a todo tipo de estímulos (televisión, videojuegos, rock, cine…) y que, como buenos sujetos posmodernos, han metido en sus cabezas-coctelera para luego servirnos sus creaciones en copa balón con sombrillita.

Todo género literario que se plazca debe tener una serie de rasgos en común para poder ser considerado como tal, y seguramente una serie de constantes que suelen aparecer con mayor o menor frecuencia. Creo que los rasgos que diferencian una novela que podamos considerar rara o bizarra de lo que sería propiamente bizarro serían los siguientes:

1. Sense of WTF?: Así como la literatura fantástica despierta en el lector una sensación de maravilla al leer lo que el escritor propone, en el bizarro se produce un «sense of WTF?» o «sentido del ¿pero qué carajo?» Esa es la reacción que un buen relato o novela de bizarro debe provocar: que el lector se pregunte en todo momento qué carajo está leyendo porque se encuentra con una sorpresa tras otra que hace que lo que lee sea del todo impredecible. Así como en el terror podríamos decir a grandes rasgos que la sorpresa aparece al final, o en la ciencia-ficción se produce nada más empezar, en el bizarro es algo constante y hecho a propósito con una doble finalidad: asombrar al lector y hacer que el escritor se esfuerce en causar ese efecto. Dicho así puede parecer que este énfasis por ir dando vueltas de tuerca y descolocar al lector pueda degenerar en un galimatías sin sentido. La gracia de las buenas novelas de bizarro está en que, a pesar de ello, el universo que crean sigue siendo coherente. Digamos pues, que lo extraño está al servicio de lo sorprendente y que no es una sucesión de cosas raras por el mero hecho de ser raras y punto.

2. Lo extraño aplicado a la trama: En su ensayo Experimental Fiction Vs. Bizarro (Ficción experimental contra bizarro), Carlton Mellick III explica que, por norma general, «en la ficción experimental lo extraño se aplica a la forma y en el bizarro se aplica a la trama» porque suficiente tiene ya el lector con las cosas raras que está leyendo, como para que encima se lo presenten de manera poco clara. Esto se puede ver perfectamente en su prosa, directa y pretendidamente pulp, que utiliza para describir una trama que es de lo más rocambolesca, pero que en realidad no se salta los parámetros clásicos de introducción, nudo y desenlace. Obviamente, no todos los escritores se rigen siempre por esta norma porque cada uno hace lo que le da la gana, pero sí la mayoría de las veces.

3. Personajes y situaciones grotescos: Como decía más arriba, lo que pasa en este tipo de historias no es raro per se, o el escritor no busca hacer las cosas raras por el simple hecho de hacerlas. Los personajes son tan raros por sí mismos, que cualquier interacción con la realidad crea situaciones absurdas. Tomemos como ejemplo dos protagonistas de las novelas de Kevin L. Donihe: en Washermouth (¿Boca Lavadora?), el personaje principal es una lavadora que quiere ser humana para cumplir su sueño de convertirse en actriz de sitcoms; y en Space Walrus (Morsa del espacio), la morsa inteligente que da título a la novela, además de masturbarse de manera compulsiva, sueña con ser la primera de su especie en ir al espacio y así granjearse el amor de la doctora que experimenta con ella.

4. El sentido del humor: Después de hablar de esas dos novelas, creo que queda bastante claro que el humor es esencial en todo trabajo bizarro que se precie. Ya sea de forma burda y evidente, sutil y sarcástica o de una manera subyacente (en realidad Space Walrus no es una comedia, sino una tragedia), el humor está siempre presente. Se podría decir que el bizarro es una especie de hijo bastardo con el pelo de colores de La metamorfosis de Kafka y La cantante calva de Ionesco, pasado por el filtro del anime. Y es que no deja de tener una cierta lógica de dibujos animados.

5. Origen estúpido: En no pocas ocasiones las historias parten de una idea estúpida, y después el escritor se las tiene que ingeniar para hacer algo coherente con ellas. Mellick ha explicado en varias ocasiones que a veces introduce en un sombrero una serie de palabras apuntadas en papeles, para sacar luego dos o tres y tratar de escribir una historia con lo que le haya salido; o que primero se le ocurre un título alocado y a partir de ahí desarrolla la novela. Si tenemos en cuenta sus publicaciones, podremos ver que esto es del todo cierto: la ya nombrada Satan Burguer, The Haunted Vagina (La vagina encantada), The Cannibals of Candyland (Los caníbales de la Tierra de Caramelo), Armadillo Fists (Puños de Armadillo) o Baby Jesus Butt Plug (Plug anal Niño Jesús), son claros ejemplos. En realidad, todo esto no es nuevo en la literatura, ya que los autores de revistas pulp muchas veces tenían que inventarse un relato para la portada que el editor había encargado previamente.

Como puedes comprobar, los títulos locos y políticamente incorrectos están a la orden del día y son además marca de la casa, junto con las portadas de los libros (otra herencia del pulp). Aquí te dejo una ínfima muestra para tu deleite (los he traducido para que esto no se haga eterno): Yo Roboputa, Piano Roto presidente, Me voy a follar a todo lo que se menea y a Stephen Hawking, Dungeons & Drag Queens, Yonquis del pus, Morid donuts cabrones, ¡Socorro, me está comiendo un oso!, o Shatnerquake, novela en la que William Shatner (sí, el Capitán Kirk) se tiene que enfrentar a todos los personajes que ha interpretado porque de repente han decidido materializarse para matarlo. Pero estos no son más que un puñado de ejemplos.

Todos los géneros parecen superponerse en el bizarro, aunque lo que hace es tomar ciertos elementos para presentarlos de manera distinta, mezclarlos entre ellos, subvertirlos, deconstruirlos o parodiarlos. De esta manera, trasciende esos géneros a los que está dando la vuelta y hace que el lector se desfamiliarice para entrar en un escenario propiamente bizarro. En cuanto a la ciencia-ficción, por ejemplo, le interesa más la estética que la anticipación. Del terror se fija en lo grotesco, y en lugar de tener un monstruo que acecha en las sombras, lo saca a pasear para que disfrutemos de su deformidad. Del porno coge lo que hay de obsceno, más que lo que puede llegar a excitar (sí, como puedes imaginar hay mucho sexo extraño y retorcido en el bizarro).

Esta superposición de géneros y estilos ha acabado por conformar una serie de constantes que podemos encontrar de manera frecuente en las obras de este movimiento.

Uno de ellos sería el uso del cuerpo como paisaje, ya que está en la misma tradición que La metamorfosis, que Clive Barker, que el cine gore de ketchup y porexpan o que la «nueva carne» de Cronenberg. El bizarro convierte el terror corporal en algo absurdo. En Ciudad revientacráneos de Jeremy Robert Johnson, por ejemplo, nos encontramos a una serie de personajes que son estrellas de un reality de modificación corporal competitiva; en Ant Colony de Alissa Nutting, vemos como está de moda albergar animales en el propio cuerpo y la protagonista se perfora los huesos para albergar una colonia de hormigas; o en Orgía fantástica de Mellick las enfermedades venéreas, además de transformarte el cuerpo de manera radical, son coleccionables e intercambiables.

Otra constante inevitable es la resistencia contra la cultura consumista del capitalismo. De manera más o menos evidente, un gran número de obras acostumbran a condenar la cultura mainstream, el consumismo y las creencias de los Estados Unidos, abordando esta crítica como no podía ser de otra manera: desde la sátira y retorciendo abiertamente los fetiches y los tabús de la sociedad. Así pues, en Warrior Wolf Women of the Wasteland (Mujeres-lobo guerreras del páramo) Mellick nos presenta una sociedad cerrada gobernada con mano de hierro por McDonald’s, para la que todos los habitantes trabajan y en la que el sexo está bastante controlado porque cada vez que las mujeres lo practican se convierten un poco más en lobas y para ocultar esa vergüenza deben llevar burka por la calle.

Y quizá una de las constantes que más utiliza el bizarro y que más le acerca a esa lógica de dibujos animados de la que hablaba más arriba, es la «antropomorfización». Los animales, los objetos y especialmente la comida se convierten en personajes dentro de la historia. Es el caso de las ya mencionadas Morsa del espacio, Boca lavadora o Morid donuts cabrones, en la que la humanidad ha sucumbido bajo los efectos de un holocausto en el que la gente, en lugar de convertirse en zombis lo hace en donuts caníbales. Los ejemplos, como digo, son innumerables.

Después de todo este despliegue de absurdidades y marranadas, puedo imaginarme a Míster Ceja riendo sardónico y a punto de comentar que el bizarro no es más que entretenimiento banal. ¿Para qué nos vamos a engañar?, muchos de estos textos no tienen una doble lectura, pero cuando la tienen, esta se desprende de la narración y propone una reflexión sobre la cultura de la misma manera que lo hacen la fantasía y la ciencia-ficción: mediante la representación (de manera inquietante o desfamiliarizante, en este caso) de temas y cuestiones que están conectadas con el mundo real, aunque reelaboradas a través de un mundo ficticio. Esto puede verse claramente en La casa de arenas movedizas, en la que bajo el envoltorio bizarro de una novela de aventuras o survival, encontramos un texto que habla de la pérdida de la inocencia, de la relación entre padres e hijos y que resulta que nos está narrando un rito de paso.

A estas alturas creo que no hace falta hablar de las diferencias que existen con el new weird, género con el que se le tiende a confundir, pero sí que quiero reflejar la que es quizá la más importante: aspiran a cosas distintas. El new weird es ficción especulativa innovadora que parece reclamar un puesto entre la alta literatura, pero el bizarro no pretende otra cosa que entretener, sorprender y divertir. Son como dos hermanos, uno intelectual y otro más gamberro.

Esto puede verse claramente en la comunidad de escritores del bizarro, que no olvidemos es también un movimiento. Es un grupo de gente en constante crecimiento, creando un cierto tipo de obras de manera consciente. Uno de los secretos de su éxito radica en que no se trata de un grupo cerrado, sino que tiene las puertas abiertas a todo rarito que se quiera sumar. Surgió en Portland y su funcionamiento recuerda al de la escena punk de los setenta (ética do it yourself, boca-oreja, innumerables eventos), está vertebrada alrededor de la BizarroCon y sus premios Wonderland, pero se está extendiendo a otros puntos de Estados Unidos y del mundo con la traducción de sus obras a otras lenguas. Esto hace que siga siendo un género underground, además de por su temática habitual, claro, pero el nicho parece estar abierto y autores como Carlton Mellick III, Adam Cesare (ambos publicados por el sello Hydra de Random House) o Jeremy Robert Johnson ya empiezan a atraer la atención del mundo literario mainstream.

No toda novela (o película, o cómic) bizarra es «bizarro» porque para ello habría que cumplir una serie de parámetros que he tratado de explicar en este artículo, pero sí que será una buena compañera de viaje y no será excluida, sino que con toda seguridad será fagocitada. ¿Que esto del bizarro es una etiqueta de marketing? Por supuesto que también lo es, porque viene de fábula para llamar la atención de aquellos a los que les pueda interesar, a la vez que echa para atrás a los incautos que prefieren no dejarse sorprender por este tipo de obras.

«Bueno», me dirás, «¿y por dónde empiezo con esto del bizarro?». Aquí me vas a perdonar que barra un poco para casa y te recomiende La casa de arenas movedizas de Mellick. La elegí como una de las primeras novelas a traducir porque representa a la perfección, no solo el estilo del autor, sino al género en su conjunto. Si la lees, entenderás lo que quiero decir. También puedes probar con Fantasma, de Laura Lee Bahr, que diluye la línea que Mellick trazaba para separar lo experimental de lo bizarro, o Ciudad revientacráneos, de Jeremy Robert Johnson, que eleva el género a otro nivel. Aunque sin duda, la mejor puerta de entrada es la antología Bienvenidos al bizarro, ya que la edité pensando en que cumpliera precisamente esa función, además de ofrecer una muestra de las muchas formas que puede tomar el género ya que cada autor le da su toque personal. También recomiendo las novelas ¡Pérfidas! (Aristas Martínez) o La momia y la niñera (Sociedad Júpiter) de Tamara Romero, además de sus relatos. Si lees en inglés, lo mejor es hacerse con uno de los Starter Kits que editan de manera conjunta Eraserhead, Afterbirth y Raw Dog con la intención de mostrar el trabajo de diversos autores y ofrecer una visión más o menos amplia del estilo. Una vez te hayas metido entre las pustulentas, peligrosas y multicolores fauces del bizarro, querrás dejarte masticar por la gran cantidad de autores diferentes que lo cultivan. Blerp.

Bibliografía:

CARLEDGE, S. T. (2012) Post Boredom: The Cultural Significance of Bizarro Fiction. [en línea] E.E.U.U.: The Manifold. Disponible en: https://themanifold.wordpress.com/2012/01/30/post-boredom-the-cultural-significance-of-bizarro-fiction/

DE BIE, Raf (2014) Over Bizarro. Holanda: Kluger Hans

HENDERSON, Randy (2010) Bizarro Fiction 101: Not Just Weird for Weird’s Sake. [en línea] E.E.U.U.: Fantasy Magazine. Disponible en:

http://www.fantasy-magazine.com/non-fiction/bizarro-fiction-101-not-just-weird-for-weirds-sake/

JOHNSON, M. P. (2015) One Punk’s Guide to Bizarro Fiction. [en línea] E.E.U.U.: Razorcake. Disponible en: http://www.razorcake.org/columns/one-punks-guide-to-bizarro-fiction

JOHNSON, M. P. (2016) What Is Bizarro Fiction? [en línea] E.E.U.U.: Freaktension. Disponible en: https://freaktension.wordpress.com/2016/02/15/what-is-bizarro-fiction/

MELLICK III, Carlton (2011) Experimental Fiction vs. Bizarro. [en línea] Portland, E.E.U.U.: Bizarro Central. Disponible en: https://bizarrocentral.com/2011/04/20/experimental-fiction-vs-bizarro-by-carlton-mellick-iii/

MELLICK III, Carlton (2011) Waves of Bizarro Writers. [en línea] Portland, E.E.U.U.: CarltonMellick.com. Disponible en: https://carltonmellick.com/2009/08/27/waves-of-bizarro-writers/

MELLICK III, Carlton (2011) Weird for the Sake of Weird. [en línea] Portland, E.E.U.U.: Bizarro Central. Disponible en: https://bizarrocentral.com/2011/04/20/weird-for-the-sake-of-weird-by-carlton-mellick-iii/

PIERCE, Cameron (2012) I Praise the Idiot Beauty of the Unnatural World. En Pierce, Cameron (Ed.) The Best Bizarro Fiction of the Decade (pp. 1-2). Portland, E.E.U.U.: Eraserhead Press.

WALER, Damien G. (2010) Bizarro Fiction: It’s Terribly Good. [en línea] Reino Unido: The Guardian. Disponible en: https://www.theguardian.com/books/booksblog/2010/jul/16/bizarro-fiction-terribly-good

3 thoughts on “¿De qué nos llenamos la boca cuando hablamos de bizarro?”

  1. Interesante artículo y muy instructivo. El movimiento bizarro debería ir en aumento. Considero que es el género ideal para muchos adolescentes que no encuentran atractivo abrir un libro y, por otro lado, para quienes buscan nuevos aires narrativos. La nueva horda de autores que vienen y vendrán están/estarán enormemente influenciados por eso mismo que comentas: la televisión, el cine, los videojuegos, etc., y de alguna forma todo eso debe tener su reflejo en lo que escriben. Ojalá encuentren el bizarro todas esas personas potencialmente convertibles en lectores que todavía no saben que esa es la mandanga que necesitan. Yo hubiera sido un chico mucho más feliz de haber tenido a mano libros así.

    Por otro lado, nunca he entendido a toda esa gente que hace ascos al ‘entretenimiento por el entretenimiento’. Parece que todo lo que se hace en el mundo cultural debe tener algún mensaje. Las sinópsis de libros y películas se recrean en la intención del autor o el director de plasmar tal o cual cosa, de denunciar esto y lo otro. Y es necesaria una cultura concienciada, por supuesto, pero también es necesaria una cultura enfocada en la pura diversión. Si además hay mensaje detrás, bienvenido sea. Muchas veces me apetece que me entretengan y no me coman la cabeza con nada más. Y entretener es muy complicado y, por supuesto, no me vale cualquier cosa.

    Me fastidia que tales distinciones sitúen en un nivel u otro a los autores y a sus obras, sin tener en cuenta la calidad artística. Hacen faltas más historias que se resuman así: “la humanidad ha sucumbido bajo los efectos de un holocausto en el que la gente, en lugar de convertirse en zombis lo hace en donuts caníbales”. Libros así deberían estar presentes en todas las librerías de barrio. En las grandes superficies comerciales, debería haber libros bizarros. Podrían estar en cualquier sección. En la de refrigerados, por ejemplo. Dr. Oetker debería regalar libros bizarros con sus pizzas. Los libros bizarros deberían estar dentro de las bolsas de diez kilos de comida para mascotas. Un libro bizarro te podría aparecer dentro de una bolsa gigante de ganchitos o de Doritos roulette.

    Yo NECESITO el bizarro para que acompañe mis “otras” lecturas. Puedo disfrutar de ambas cosas. Y para mí, al final, lo que me anima a seguir leyendo es que me esté entreteniendo. Al final, no hay distinción alguna: leo lo que me apatece y me entretiene.

    Gracias por las recomendaciones. Voy a leerme a Ionesco y a su cantante calva, a ver qué tal.

    ¡Saludos!

    1. Hola, Toni:
      Muchas gracias por tu comentario. Respecto a lo que comentas, lo entiendo perfectamente porque si me dedico a intentar difundirlo es ese sentimiento el que me impulsa. Pero espero que nunca se regale con cajas de pizza porque eso querría decir que ha sido totalmente asimilado. Que el lector inquieto haga el esfuerzo al menos de encontrárselo por casualidad rebuscando en Goodreads 🙂

      1. Sí, el tema de las cajas de pizza era por darle un empaque bizarro. Voy a escribir una historia sobre eso. Tienes toda la razón: no hay nada mejor que rebuscar en las estanterías e ir descubriendo libros y toparte con pequeñas joyas. Por cierto, mi mujer tenía por casa el libro de Ioenesco y me parece una delicia.

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